Predigt zum 16. Sonntag im Jahreskreis (C)
am 22. Juli 2001 (en espanol)
Jesús, Marta y María
Lc 10,38-42
Autor: P.Heribert Graab S.J.
Übersetzung: María Teresa Sierra
No me puedo imaginar que Lucas vislumbrase el efecto de la historia de este relato del Evangelio y mucho menos que lo intentase.

En primer lugar esta historia incluso ha empujado a Marta a una situación obscura. Está completamente a la sombra de su hermana María, que "ha elegido la mejor parte".

Acto seguido, sospecho mucho que:
Esta historia ha desacreditado a las amas de casa. Esto ha repercutido hasta la actualidad. El trabajo del ama de casa está sencillamente infravalorado.

Y aún abrigo otra sospecha adicional:
Pienso que esta historia ha contribuido a la formación de una "sociedad de dos clases"en los antiguos monasterios femeninos.
Hasta la actualidad hubo una clase, la de las monjas de coro, si se quiere las del tipo María, y otra, la de las hermanas legas, que realizaban los trabajos manuales en el monasterio, las del tipo Marta.

En primer lugar yo desearía hoy mover la figura de Marta hacía la luz correcta.

Pero sobre todo se debe trata de dos acentuaciones de la espiritualidad, que se personifican en estas dos mujeres.

Por consiguiente, en primer lugar Marta de Betania:
Felizmente no tenemos sólo el testimonio de Lucas sobre ella.
Por los Evangelios en conjunto sabemos que Jesús tenía una estrecha amistad con los tres hermanos de Betania María, Marta y Lázaro .

En el Evangelio de Juan se dice:
"Jesús amaba a Marta, a su hermana María y a Lázaro", Jn 11,5
Aquí se cita a Marta en primer lugar, en absoluto por casualidad, pues evidentemente a los ojos del evangelista teólogo Juan, ella era la mujer más importante. Juan informa con todo detalle de un diálogo intensamente teológico entre Jesús y Marta sobre la resurrección de los muertos. 
Este diálogo con Marta contiene uno de las más importantes autorevelaciones de Jesús:
"Yo soy la Resurrección y la Vida", Jn 11,25
Más importante aún a este respecto es la confesión mesiánica de Marta:
"Sí Señor, yo creo que Tú eres el Mesías, el hijo de Dios,
que debe  venir al mundo", Jn 11,27
Esta confesión solo tiene un único paralelo en el Nuevo Testamento. Es la famosa confesión de Pedro del Evangelio de Mateo:
"Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo", Mt 16,16
Sabemos que esta confesión de Pedro indujo a Jesús en el futuro al nombramiento de Pedro:
"Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia"
Cuando Jesús ha apreciado tanto la confesión de Pedro, esto lanza una luz muy clara sobre la confesión de Marta. En la interpretación de la Iglesia primitiva, Marta recibe a este respecto una categoría que es comparable totalmente a la del Apóstol Pedro.

Esto en cuanto a un par de anotaciones necesarias sobre la figura del "ama de casa" Marta.

Sin embargo es más importante lo que podemos aprender para nosotros también hoy de ambas hermanas sobre la espiritualidad cristiana. Aquí queda una cosa clara y es que la espiritualidad no es de igual configuración, que es más bien francamente policroma y multiforme.
Acto seguido se hace visible que el diferente estilo de espiritualidad tiene algo que ver con los diferentes tipo humanos.

Maria, por ejemplo, parece más bien dotada emocionalmente.
Por una parte ensimismada, por otra orientada hacia  pocas y muy personales relaciones.
Voces como "corazón" y "espíritu" vienen a las mientes para ella.
María se "ensimisma" con oír a Jesús y por esto olvida todo lo demás.
No sólo "escucha" con los oídos, sino lo mismo con los ojos y con todos los sentidos, justamente con el "corazón", con toda su persona.
María es también, la que espontáneamente toma "una libra de auténtico y valioso perfume de nardo", unge los pies de Jesús y los seca con sus cabellos, Jn 12,3. (Por favor, no confundir con la unción de la "pecadora", en casa del fariseo Simón, Lc 7,36 ss).
También aquí habla evidentemente el "corazón" de esta mujer.
Su espiritualidad tiene indudables rasgos muy fuertemente contemplativos.
Marta es, por el contrario, una persona más bien de compresión clara, con los dos pies en la tierra, sabe lo que hay que hacer en cada situación y aborda con valor lo que es necesario. En consecuencia su espiritualidad también tiene más bien rasgos prácticos.

No es por casualidad que los cristianos evangélicos hayan llamado a sus casas diaconales, "Casas Marta". Por parte católica Marta es la Patrona de las amas de llaves de las casas parroquiales.
En una ojeada a la diversidad de órdenes católicas se recomienda bastante referenciar las órdenes contemplativas a Maria y las órdenes activamente caritativas a Marta.
Sin embargo con todas las diferencias no hay una expresión clara de espiritualidad de una sin la otra. 

La orden benedictina más bien contemplativa se orienta hacia la regla fundamental del "ora et labora"; y las caritativamente activas vicentinas en último caso sólo pueden realizar su servicio a los enfermos sobre la base de una intensa y contemplativa vida de oración.
Hay situaciones, en las que se debía, por aprecio a la oración, dejar y olvidar todo lo demás.
Pero a veces sólo la espiritualidad de Marta es conforme a las circunstancias.
Esto lo muestra una leyenda:
Una vez, en la tarde del día de la reconciliación, se reunió toda la comunidad del Rabí Mojsche-Lejb en la casa de oración. Sin embargo, el Rabí no llegó. Pero él había recomendado de una vez para siempre que nunca se le debía esperar para la oración. Por ello se entonó la oración Kol-Nidrej sin él. Más tarde apareció el Rabí. La gente investigó por qué había llegado tan tarde y había perdido una oración tan importante, y se enteraron de lo siguiente: cuando el Rabí iba a orar, de camino oyó en una casa llorar a un niño. Entró y vio que la madre se había ido a la oración y el niño había quedado solo. El Rabí tuvo compasión del niño y jugó con él largo tiempo hasta que estuvo cansado y se durmió. Después fue a la casa de oración para rezar el Kol-Nidrej.

El modo en que ambas formas de espiritualidad forman un conjunto y finalmente constituyen un todo, se expresa en dos principios de la espiritualidad ignaciana: 
Uno reza así: "Hallar a Dios en todo". A ello remiten especialmente aquellos que viven "en medio del mundo" su fe y su espiritualidad cristiana: hallan a Dios en la ciencia tan bien como en la oficina, en el laboratorio o en el banco.
De forma muy semejante suena el lema que Ignacio dio a su Orden para el camino: "Todo a mayor gloria de Dios". Este axioma sólo se puede hacer realidad en la consonancia de la contemplación y de la acción o en el sentido de los Hermanos de Taizé: en la consonancia de "lucha y contemplación". 

Amén